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Lee tres poemas seleccionados.

Persona

Cómo es posible
que sea el mismo ser humano:
el patético vehemente
que grita sin control
y el que abraza tiernamente a sus hijos.

Me cuesta creer
que sean el mismo:
el imbécil que patalea de rabia,
y este hombre que sueña
con una Gran Humanidad unida.

Ten por seguro,
que si al abrir la boca
una lengua de fuego surge de ella
es porque en el estómago
quema más todavía.

Lo más doloroso
es verme arrebatado
por estas pasiones vergonzantes
y sentir que se expanden
como manchas de petróleo
sobre el mar infinito de mi mente.

¡Cómo es posible!
¡No pueden ser el mismo!
El hombre excelso
que escribe este poema
y el ser lamentable que después
se vanagloriará de haberlo hecho. 

 Lo extraño es que yo
no siento ninguna lucha entre ellos.
Habitan en mí como estados cuánticos
de una misma partícula,
y son la materia sin desbastar
con la que voy creando
la obra inacabada
de mi vida. 

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Dos

Dos
es un número
que me produce extrañación.
Es la fuente de los placeres
más profundos,
al tiempo que provoca
todos los conflictos
y aflicciones cotidianas.

Dos significa
que hay un otro:
un país extranjero
al que tirar las bombas.
Dos significa
levantarte una mañana
ante una mirada ajena
cuando apenas puedes soportar la tuya.

Dos miradas enfrentadas
antes del beso
o después de la guerra.
Y es que en el dos
van unidos
amarse y odiarse,
odiarse y amarse,
hasta no poder distinguirlos.

Y yo te amo,
te amo con toda mi rabia,
te odio con todo mi amor.
Aunque no lo creas,
yo adoro este dos, necesario
para hacer fluir al universo.

Quiero a este dos
con todas mis fuerzas;
este dos que vino
después de la soledad del uno,
y gracias a él,
hemos podido llegar al tres.

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Nada

Nada es mío en mis palabras.
Son ráfagas de memoria
que mis actos no producen,
son restos vitales
que yo nunca he generado.

Nada en mí me pertenece:
pensamientos y conceptos
destilados durante siglos,
las ideas llenas
de sedimentos en el barro.

Nada es mío, ni siquiera
la grandeza de mis logros.
Mía es sólo la inmundicia,
las manos manchadas
y la infamia de mis actos.

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