Yo soy Samuel

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Yo soy Samuel, un Júpiter furibundo que se abre paso entre las entrañas del cuerpo que me contenía y, desgarrando mi viejo vestido de carne, sale con un aullido de dolor. Irrumpo en la vida con un hambre atroz y una ira desgarrada por haber estado tanto tiempo falazmente resguardado.
Los recuerdos se agolpan en mi vientre, golpean mi pecho y mi corazón. No perdono el engaño que me encerró en la medianez, que me arrojó a la confusión del fango. Ante mis viejos despojos, yo maldigo las llaves de mi cárcel. Me dan asco los jugos gástricos del Samuel que para sobrevivir pacíficamente en las cloacas cedía ante los egos heridos de algunas ratas humanas.
Emerjo y no puedo contenerlo ya. Estoy volando muy alto. Estoy corriendo muy fuerte. Estoy mirando más allá del horizonte. Descomunal, inalcanzable, insondable. Y maldigo al Samuel que caminaba despacio por no hacer ruido, al que no miraba más lejos por no desgarrar la mirada de los demás, al que no era completamente para que los demás pudieran ser al menos un poco. Se ha acabado. Aquí y ahora me determino ante la vida y ante la humanidad. No existe idea ni cuerpo que me pueda limitar. Yo sólo existo si soy Samuel, el inmenso e ilimitado.

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