Ser padre

No podía imaginar
todo lo que traerías contigo.
Los pañales, el cansancio,
los lloros o la atención constante
eran previsibles.
Pero, cómo podía yo saber
que sería capaz
de un amor tan puro y desmedido,
tan despojado de pasiones,
tan libre de egoísmo.
Cómo podía yo saber
que sería capaz
de este amor que se siente
como la gravedad
que atrae los cuerpos a la tierra.

Igual que respiro, igual que vivo,
así te amo,
arrastrado por el torrente de vida
que tú eres
y que todo llena.
Por supuesto que me vanagloriaré
y, de los privilegios
de ser padre,
haré uso de todos y cada uno.
Pero nada tiene que ver con eso
este amor
que se siente
como la mecánica exacta de los astros.

Gracias hijo mío,
porque al nacer
me has hecho cómplice
de una fuerza que mueve al mundo,
de una energía
más antigua que nuestro planeta.
Una energía que nos une,
y aunque sólo seamos
dos humanos
que comparten el camino,
tengo la suerte
de poder cuidarte,
abrazarte con fuerza
y sentir que tus ojos despistados
a veces me miran
y, sin querer, me dicen: “padre”.

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