Conclusiones del seminario “Hacia un proceso constituyente”

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En este momento histórico en el que la perversión de los valores democráticos es irremediablemente patente, los conceptos de libertad y democracia han sido tan vaciados que se han convertido en lugares comunes que apenas dicen nada, y nos damos cuenta de que sometidos a la deuda y a los designios de los poderes financieros, hemos depuesto nuestra dignidad humana. Es también una oportunidad para que los Más nos determinemos ante los Menos, sin diluir el debate entre izquierda y derecha, sin que nos confundamos con agotadas mitologías del pasado o etiquetas ideológicas que solo sirven para mantener a la élite política. Lo fundamental está por encima de los debates técnicos y los mitos políticos, lo fundamental es que todos los ciudadanos puedan llevar una vida digna y conforme a su voluntad sin que nadie viva a su costa.

La realidad es que las instituciones están diseñadas para que ciertas élites extraigan rentas de los ciudadanos y consoliden el poder de los poderes financieros. Estas élites están desmontando el débil sistema de bienestar porque las constituciones europeas –nacidas en un momento histórico particular en el que la presión del comunismo obligaba a pactar voluntariamente entre el capital y el trabajo– lo permiten. El constitucionalismo europeo en general, y el español en particular, ha debilitado premeditadamente los instrumentos de participación y ha favorecido el bipartidismo, en el que los partidos políticos se alejan de los ciudadanos y se convierte en una máquina electoral.

Tenemos que ser conscientes de que nos somos dueños de nuestro destino cuando esta élite decide que es más importante pagar una deuda ilegítima que crear recursos para vivir dignamente. Debemos concienciar que las instituciones dependen de nosotros, y de que si siguen en marcha es porque seguimos pedaleando sin saber que nosotros movemos la bicicleta. Sin embargo, la gran mayoría de las instituciones europeas son muertos vivientes porque las personas poderosas que se benefician de ellas se resisten a deshacerlas. Es el momento de darles un golpe de gracia y proveernos de una estructura que nos permita vivir en libertad, en igualdad, y en solidaridad.

Hay que crear la democracia porque no existe, porque los poderes financieros la bloquean, y la manera de hacerlo es cambiar la institución principal del estado, la constitución. Sin embargo la asamblea constituyente no es una solución en sí misma, sobre todo si está en manos de la élite política que custodia el sistema actual. En cuando a la forma de hacerlo, es ingenuo inclinarse por la simple presión social externa. Para cambiar la constitución hay que cambiar a la clase política que la sustenta, y para ello nuestros instrumentos democráticos son el debate, que conforma la voluntad, y el voto, que la expresa. Si queremos emanciparnos de las clases que nos aplastan debemos comenzar con el debate, pensando cómo podemos organizar nuestra democracia para que lo sea efectivamente, y finalmente expresándolo con el voto para elegir una mayoría parlamentaria que llame a la constituyente.

Esta asamblea constituyente, sin embargo, no es emancipadora por si misma, sino que es la ciudadanía la que se emancipa primero mentalmente y después materializa su libertad convocando un proceso constituyente. Así que ha llegado el tiempo de la acción, en cada casa, en cada charla de cafetería, en cada reunión de escalera tiene que arder el fuego de la revolución, para que los que ahora no somos nada, los desheredados por unas clases que se creen mejores, podamos empezar a ser algo; para que nunca más un ser humano viva por encima y a costa de otro; para que nunca más unos pocos dispongan perversamente el destino de los demás. Es hora de que nos determinemos, es hora de empoderar nuestros cuerpos y nuestras mentes, es hora de que tomemos la responsabilidad de cambiar el sistema, porque si no lo hacemos estamos siendo cómplices con él y estamos destruyendo nuestra dignidad humana.

One Comment

  1. Responder
    Kepa Sesma febrero 20, 2013

    Bravo, me ha gustado mucho.

    Llevo tiempo pensando que estamos gastando muchas energías en derribar el sistema actual y pocas en construir una alternativa. Es evidente que cambiando de partidos políticos no haremos nada, hace falta cambiar el sistema entero.

    Pero esto necesita de la implicación de la mayoría y no se si está aun madura la cosa para ello.

    Te sigo, un saludo.

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