Relatos

La vida siempre se presenta fresca y cruda. Todo es nuevo, todo ocurre al mismo tiempo. El viviente descubre que tiene que tomar la iniciativa y emprender un trayecto: un tiempo lleno de primeras veces, de nervios y de dudas. Tiene que tomar una dirección en la que avanzar y, para ello, aprender a amar todas las veces que haga falta.

Poco a poco el interés se va desplazando, ya no reside en la novedad, sino en la importancia y la intensidad de los acontecimientos. Todo lo que se había sugerido en la parte anterior tiene que desarrollarse y crecer hasta su máximo potencial. Está claro que estos principios no son completamente científicos y muchos vivientes se los saltan, sin embargo, su seguimiento es altamente recomendado para humanos primerizos.

La última parte, y no por ello menos importante, es donde todo debe acabar aunque no siempre se resuelve. Muchos opinan que es la maestría aquí demostrada la que determina el resultado. Otros en cambio, no creen que un buen final pueda suplir una vida mediocre. Yo estoy demasiado lejos como para saberlo, pero quizá acabar consista en dejar que todos los relatos comenzados sean libres de tomar su propio curso…

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