Ráfaga

He sentido una explosión y, luego, cómo se desintegraban mis emociones de mis pensamientos. Después he oído llegar a las sirenas y me han cubierto con una manta. No puedo deciros nada más, aunque seguramente lo sabréis pronto, cuando salga en las noticias.

Entonces los políticos de turno mostrarán solidaridad con mi familia y con mi pueblo. Pondrán caras de consternación, emitirán comunicados, irán al frente de manifestaciones multitudinarias… para acabar yéndose a casa con sus familias y continuarán sus vidas. Pero yo no, y no sé por qué. La verdad es que a mí, a estas alturas, me da exactamente igual. Aunque sé que a vosotros aún os dolerá esta herida. Quizá os habría resultado mucho más fácil si esto hubiera sido un tren descarrilado o un avión que no aterriza. Pero este accidente es diferente, ocurre en los conceptos que construyen nuestra realidad.

Pronto encontraréis a mis asesinos, los torturaréis en nombre de la Libertad. Castigaréis sus actos con la violencia que lleváis dentro, la misma ráfaga que a lo largo de la historia a veces hemos llamado guerra y otras revolución; que a veces hemos proclamado como justicia y otras como locura humana. Esto, me temo, no ha sido ninguna de ellas, sino solamente una ráfaga más de otra herida distinta; la de alguien que no ha podido reconocerme como un hermano, y a quien vosotros jamás seréis capaces de juzgar como a un humano.

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