La tumba de Kafka

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Ante la tumba de Kafka yo quise ser otro. Quise bajar a las profundidades y ver desde la perspectiva de un gusano cómo la madreselva devoraba a los dos viajeros austriacos que leían cuentos en voz alta.
Me hubiera gustado haberme quedado a solas con la lógica sombra de mis pensamientos mientras una profunda noche tomaba mi cuerpo. He hubiera gustado verme pasear desnudo por el cementerio y sentir frío, y que mi cuerpo junto con la hiedra, piedra y tierra del cementerio fueran protagonistas de alguna hazaña literaria. Hubiera deseado entablar una batalla poética con las lápidas sin hablar del la muerte. Hubiera deseado… no haber sido tan efectivamente un turista junto al sepulcro de un escritor muerto.
Acabé de leer en mi iPhone varios relatos cortos y llegó mi mujer de su paseo solitario. -¿Nos vamos? -Nos vamos-dije yo -Adios Kafka.
Y Kafka no me escuchó.

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