La pasividad de los salvados verdugo de los hundidos

hundidosSalvados

<<Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada>>.

Martin Niemöller

No sé qué es peor: haber sido iluso o engreído. Iluso por pensar que los problemas sociales les ocurren siempre a otros, y engreído porque creía que merecía mi posición por haberla ganado con esfuerzo. Estos últimos años he estado tan ocupado conmigo mismo que he permanecido pasivo ante lo que sucedía alrededor.
Pero me he dado cuenta de que para mí la pasividad ha sido una actitud frustrante. Por una parte, porque en vez de aceptar la situación social, la evitaba con pretextos para no actuar. Por otra, porque la magnitud del problema me paralizaba y la inercia me generaba impotencia. Me ha costado comenzar a deshacer los convencionalismos que, para hacer soportable la realidad, se habían encaramado en mi mente.
La realidad es que la gestión de la economía mundial se ha materializado en situaciones que nos afectan a todos. Muchos conocemos más o menos de cerca despidos, desahucios y ruinas de personas que actuaron en una economía ilusoria. Primo Levi explica cómo en los campos de concentración se privilegiaba a quienes tenían más probabilidades de sobrevivir mientras que se dejaba a morir a los demás, él los llama hundidos y salvados, apuntando que ocurre también fuera del lager, aunque de una forma más difusa. Por mucho que yo ahora sea un salvado, me doy cuenta de que no quiero seguir impasible ante la estructura que ahoga a los hundidos, no sólo porque pronto podría ser uno de ellos, sino porque, como cualquiera hubiera podido ver desde fuera de un lager, yo no estaré realmente salvado hasta que todos lo estemos.
Si en algún momento he girado la vista o he excusado mi indolencia con odiosas generalizaciones, pido perdón a los hundidos. Pienso que cuando uno sólo mira por sus intereses tiene que hacer un esfuerzo de autoengaño, porque sabe perfectamente que todos los seres humanos estamos unidos por nuestro pasado y futuro común. Es razonable pensar que lo que afecta a una minoría nos pueda afectar a todos, por propagación como en el poema de Niemöller del comienzo, o por simple probabilidad como en el caso de los despidos.
A mis amigos los salvados, financieros que van a entrar en capital, compañeros funcionarios y otros trabajadores afortunados, les quiero pedir que no hagan suyo el pensamiento de que los países y personas que están devastados han sido cortoplacistas, perezosos, dilapidadores o corruptos. Hay personas que viven y disfrutan de forma diferente, sin incentivar el lucro desmedido ni ganar cifras desorbitadas. Para casi todas las estructuras hay alternativas más justas, y ésta no tiene por qué ser una excepción.
A mis amigos los resignados, los que se han rendido y proclaman que todo está perdido, les pido que también renuncien a la pasividad porque les está carcomiendo por dentro. Si salimos todos a la calle, si muchos comenzamos a actuar, tomaremos conciencia de que somos numerosos y nos apoyaremos mutuamente para busca alternativas, que las hay.
Hay alternativas porque nosotros somos el 99%, somos las inmensas minorías, somos jóvenes arquitectos, economistas, periodistas, obreros, artistas, filósofos, agricultores, ingenieros… Somos esa generación que eternamente ha perseguido el bienestar, la prosperidad y la armonía. Pero esta vez hemos osado pretenderlas para todos, sin excepción. Por eso vamos a salir a la calle en mayo. ¿Os imagináis las plazas llenas de soñadores que saben lo quieren y lo expresan, personas que tienen la formación para materializar su sueños y además se atreven? Mayo del 2012 es nuestra oportunidad, es el momento de imaginar un mundo justo en el que todos convivamos y nos desarrollemos en paz. Lo contrarío sería dejarse llevar por la inercia y ser cómplices, sin quererlo, de la estructura que genera tantas diferencias. Sí, podríamos resignarnos y renunciar a nuestro sueño, pero ¿y qué si nos atrevemos a construirlo?

4 Comments

  1. Responder
    luis abril 20, 2012

    Porque hemos vivido las vacas gordas,la euforia del bienestar, el manaa,el verano vacacional y ahora regresamos al frío invernal y tenemos miedo.¿miedo a qué? a perder lo que considerabamos una cumbre sin regresión.Son ciclos y es necesario que sucedan para que tomemos conciencia y en este caso conciencia de los pilares de esta economía virtual, que no representa ni al trabajo, ni a la creatividad, ni al ingenio humanos, que son las auténticas columnas de la riqueza.sino a un casino de especuladores y usureros que pretenden lucros desmedidos desde sus ordenadores.
    El miedo paraliza pero también es verdad que puede producir admirables heroicidades ¡¡¡¡ BRAVO POR TU ARENGA ADELANTE!!!

  2. Responder

    […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos La pasividad es cómplice y verdugo de la situación del estado español samuelgonzalezgallastegui.com/instanterias/la-pasividad-d…  por samtrack hace […]

  3. Responder
    Jack junio 6, 2012

    Mientras no asumamos que no somos santos ni demonios seguiremos tirandonos piedras mientras se discuten nimiedades se dejan de solucionar los problemas que nos afectan a todos , cada cual tiene su parte de culpa unos mas y otros menos unos por permitir otros por hacer otros por creer que en otra situacion habrian hecho algo distinto , no somos tan diferentes y eso es un trago amargo para muchos , pero sigue sin haber demonios ni santos salvo muy raras excepciones. Y si alguien cree que es uno de esos casos que se mire mejor sin usar la coletilla del vecino tambien lo hace.

    somos culpables todos por eso podemos solucionarlo todos.

    • Responder
      Samuel junio 11, 2012

      Estoy de acuerdo contigo Jack. No hay Santos. No hay demonios. Vale ya de maniqueismos. Vale ya de culpabilizar. Aquí respondemos todos, pero algunos son más responsables que otros, claro está. (Creo que le llaman depurar responsabilidades).
      Ahora es tiempo de cambio. Aunque hayamos sido culpables o cómplices, no pasa nada. Siempre hay tiempo para despertar.
      Desde el sofá de nuestra casa difícilmente podemos ayudar a cambiar el mundo.
      Salgamos a la calle.
      Es tiempo de Acción.

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