Fortaleza

Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
Nadie está solo, José Agustín Goytisolo

Reconozco que me siento incapaz
de descifrar el sufrimiento ajeno,
de comprender el tormento de alguien
que sufre devorado por la falta.

Entendedme, no es que sea insensible,
por supuesto que su dolor me afecta,
lo que digo es que el mismo sufrimiento
me resulta impenetrable, velado.

Pues llegar al centro de esa agonía
requiere reducirse hasta el núcleo,
hasta esa cáscara de nuez blindada
donde nos mantenemos comprimimos.

Y nosotros vivimos expandiéndonos.
Nosotros somos árboles que crecen
y han olvidado cómo contenerse
dentro del tamaño de una semilla.

No me juzguéis. Jamás juzguéis a nadie
porque esté viviendo su propia vida
y sea un remolino de emociones
soberbias, banales y cotidianas,
que están seguras fuera del castillo
puesto que nunca han conocido guerra.

Tampoco os juzguéis, porque estoy seguro
de que todos nos hemos guarnecido
en esa fortaleza compartida
en la que la energía se detiene,
y en la que, aunque todo sucumba:
su cuerpo, su mente, o su voluntad;

el Ser Humano permanece intacto
y vivo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *