El tiempo contigo

desierto

Con una caricia desdibujas el límite entre el sueño y la vigilia. Al despertar me abrazo a ti instintivamente, degustando cada centímetro del momento. Después, pasamos el día sin nada mejor que hacer que charlar y reír, recordando anécdotas graciosas de nuestra boda y nuestros viajes. De tanto hablar, nuestras bocas se sincronizan, se aproximan y terminan besándose, apasionadas pero torpes, como si hubieran olvidado que se conocen. Y por la noche, mientras nos acostamos en una duna de un lejano desierto rojo y dejamos que nos contemplen las estrellas, se hace más intensa esa emoción que siempre me deja la cadencia del tiempo contigo, esa que me mantiene suspendido desde el cielo, pero me deja tocar la tierra con la punta de los dedos.

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