Despedidas, la muerte entre los vivos

Despedidas, okuribito en japonés (Takita, 2008)

Despedidas, okuribito en japonés (Takita, 2008) ganó el óscar a la mejor película extranjera en el 2009.  La cinta arrasó con una historia sencilla, una comedia de humor negro, aunque brillante. El sueño de Daigo Kobayashi era tocar el violonchelo en una gran orquesta, y justo cuando lo consigue resulta que ésta se disuelve.  Sin sueño y sin trabajo, vuelve con su mujer al pueblo donde nació para empezar de nuevo. Buscando empleo, contesta a un anuncio para “ayudar a partir”, con “buen sueldo” y “pocas horas de trabajo”. En la divertida entrevista descubre que es una agencia que prepara los cuerpos de los difuntos para despedirse y comenzar su otra vida, esto es, un empleo de amortajador.

Aunque su mujer y su amigo consideran que es un trabajo impuro, el supera las reticencias y percibe la poética ritual del amortajamiento, sintiéndose orgulloso de su arte. Entiende que su trabajo es el de dignificar la muerte porque “todos nos morimos” y así sacralizar la práctica más atávica del ser humano.

La trama prosigue sosegadamente con emociones humanas, humor de situación, reencuentros y sobre todo despedidas. Nos invita a una reflexión activa sobre cómo vivir la vida en cuanto que tránsito, y cuando la película termina descubrimos que algo ha cambiado dentro de nosotros.

Por eso recomiendo ver esta película con la mente desembarazada de prejuicios, porque ofrece una visión humanizante de la defunción.  Nuestra sociedad ha creado una tecnología que distancia la muerte y nos escamotea su realidad física convirtiéndola en procesos asépticos. Nos estamos desprendiendo de los rituales que sociedades pasadas más cercanas a la naturaleza concibieron, no para los muertos, sino para los vivos. En el siglo XXI, cosificando la muerte, quizá estemos perdiendo la capacidad de ennoblecerla.

2 Comments

  1. Responder
    Emilio García mayo 2, 2012

    No sé, Samuel, si veré la película. No me atrae el hecho de la muerte y no le veo en absoluto poesía. Quizás he “vivido” demasiadas muertes muy cercanas en mi vida que me han enseñado que, en efecto, la vida es un tránsito a veces demasiado rápido, pero que la muerte tambíen es un tránsito y solo eso y por ello no comparto la sacralización y el ritual humanístico , en muchas ocasiones, falso e hipócrita que termina en el olvido del difunto.
    Por eso Samuel, no veré la película aunque ciertamente me gusta tu comentario sin compartirlo.
    Un abrazo
    Emilio

  2. Responder
    Samuel mayo 2, 2012

    Gracias por tu apunte, Emilio. La verdad es que la muerte cuando se siente en los seres cercanos es algo tan real como el vacío que dejan. El tiempo borrará nuestras huellas de la tierra, y algún día no seremos más que un ligero recuerdo del universo, menos que un recuerdo borroso de la infancia.
    Un abrazo

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