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Poniendo trampas a la vida.

Antibióticos

Mi cuerpo está enfermo.
Ésta, que es mi interfaz
con todo lo que hace arder mis emociones
y nutre mis conceptos,
está enferma.
He tomado antibióticos y mañana estaré mejor.
Me siento tan agradecido
que escribiría una oda a la ciencia médica
y saludaría a todas aquellas personas que la investigan.
«¡Salud!» es lo que solíamos decirnos
antes de que denostásemos la enfermedad.
¡Salud pensadores!
nuestra anatomía nos hace mortales
y causa nuestra humildad,
la razón, que es poderosa
nuestra arrogancia.
Hoy es mi cuerpo el que está enfermo
y apenas puedo pensar.
El antibiótico pronto hará efecto
y volveré a estar sano
despreciando mi cuerpo,
empoderado por la razón.
Pero todavía estoy infectado y aislado en una cama,
agradeciendo ridículamente la existencia de antibióticos.
Tanto siglos de avances,
tantos inventos y descubrimientos realizados
y ahora mismo ninguno me parece mejor.
Sin embargo, la razón desconectada del cuerpo
me parece el más espantoso de los fantasmas,
un espectro sin corazón
que lo convierte todo en hipótesis.
Me resulta tan aberrante, me da tanta dentera,
como las guerras bienintencionadas
los supervillanos en los telediarios,
o los cadáveres en las fronteras.

La rutina

La rutina me arrastra
como a un perro su correa.
No soporto las pequeñas gestiones de la vida.
Puedes ocupar todo tu tiempo con ellas,
enterrarte con ellas
y no pensar en nada más.
«¿Dios mío,
pero qué he hecho?
¿En qué me he convertido?»
Escucho decir
al héroe de la película,
mientras me hundo en sofá
en el que estoy embalsamado.
Necesito aire,
sueños que iluminen mi vida
y despierten las emociones eléctricas
que ahora recorren un cuerpo de madera.
Estoy atrapado
y no tengo más proyectos
que superar este día.
Quizá mañana sea diferente,
pero hoy me siento vencido
por la rutina,
como si hubiera perdido la ilusión
y con ella la felicidad.

Normalidad

Qué sabrás tú de normalidad.
Sus vidas son
tan anodinas como la tuya,
y sus besos
igual de mecánicos.
Todo se repite
una y otra vez
cada día,
y casi todos los días
son iguales.
¡Qué sabrás tú de normalidad!
Y cuando llega el verano
viajan como tú
a países exóticos
comen en buffets.
y pasean por la playa,
tan felices
y tan extremadamente normales
que dan rabia.
Y si tu los vieras
a ellos desde dentro
verías
que un destello de luz
recorre sus entrañas.
Pero sí tú te mirases
desde fuera,
paseando con tu hijo
por el parque
o esperando en la cola
del supermercado,
te verías igual de normal.
Así que ten cuidado
y no te fíes nunca
de la cara que ponga
la rutina,
pues en cada ser humano
la llama está encendida.

La debilidad del cuerpo

La debilidad del cuerpo
como una lluvia de asteroides
y sus respectivos cráteres.
Y la ira creciendo en el centro
como una gran pataleta
que acabará en terremoto.
Ya está aquí ¿y ahora qué hago?
Siempre ocurre todo al mismo tiempo:
la debilidad del cuerpo,
la ineptitud de la mente
y este viaje nocturno
bajo la lluvia ácida
de mi propia estupidez humana.
¡Que me corten la cabeza!
Que me devuelvan a la calma
porque mi alma se está poniendo
muy negra; parece que
se avecina una tormenta eléctrica
los rayos incendiarán el bosque,
y el humo ahuyentará las ratas.
Mi cuerpo está desorganizado
y este caos me arrasa.
Lo siento enmarañado,
lento, sucio, violento.
Pero no le pasa nada
sólo está enfermo.

No vengas, Primavera

No vengas, Primavera.
No quiero este placer que a decir me urge.
No quiero ser tirano de lo bello y múltiple.
Para. No vengas. No sigas viniendo.
Pero si vienes, si no dejas de venir tan germinante,
a mi esposa cóseme con nubes soleadas,
y en las yemas de mis dedos pon caricias tan profundas
que florezcan dentro de la piel que las aguarda.

Y deja que en mi boca se elaboren
los besos del viento entre las ramas.
¡Ah Primavera! ¡Mi primavera!
Mil primaveras hubo antes que tú
y sin embargo eres
una primavera viniente.
Tú recordarás el nombre de mi padre,
recordarás el nombre de mi hijo,
incluso recordaras el mío.
Yo no recordaré nada.
No volveré a estar en esta campa,
y jamás volverá a haber un instante como este
Seré aún, por un tiempo, el poeta
que con torpes palabras te quiere hacer presente.
Tú seguirás siendo la idea del poeta que te canta,
y al cantar te pierde.

El Baño

bañera
El agua caliente palpitaba como la guitarra de Hendrix en el 69. El pequeño Arni submarineaba en la bañera un baile trepidante mientras su madre magreaba sus manos contra la mugre. Ella descubrió su cuerpo transparente y ¡Oh sí! lo cubrió de blanca espuma. Al acabar, le dijo a su compañero que el agua aún conservaba el calor de una canción de Jonny Cash. El esposo cabrioleó en la bañera mientras la espuma gris se deslizaba sobre su pecho. Él le dijo a la abuela que el agua todavía tenía ese rasgueo lejano de un banjo en un cañón polvoriento. La espuma terrosa chapoteó brevemente a su alrededor. La mujer le dijo a su marido que el agua aún vibraba como las melodías de Hank Williams. El hombre viejo fundió su oscuro cuerpo con el agua trémula y muda; me ha tocado la marcha fúnebre, pensó. La familia se había bañado y permanecía frente al televisor encendido. La película del sábado pronto llenaría todos esos silencios, pero ¡oh muñeca! el agua caliente palpitaba como la guitarra de Hendrix en el 69.

Versión de El Baño suabo, Herta Müller. herta-muller_en-tierras-bajas_pdf

Una veu buida

 

Jo tinc una gola
I una veu que em crema per dins
Que s’amaga entre les meues entranyes,
Aguaita i espera el seu moment.
Aquesta veu no és meua, encara que em pertany.
No és la veu d’un poble, però sona a poble.
Tampoc crida a res ni a ningú:
És una veu per a mirar al món
Per assenyalar llocs als que anar.
És una veu buida, que no té res concret de dir
Ni tan sols té un gran missatge
Este món ja està massa ple de grans missatges
No cal que n’hi hagen més,
I encara menys més veus.
Però aquesta no és una veu qualsevol,
Sinó la que ha de donar sentit a la resta.
Està buida com l’aire buit
que du a dins l’oxigen que respirem.
Però en volta d’entrar quan obri la boca
La veu vol eixir desesperadament.
Quan jo em buide a la fi d’ella
M’estaré omplint del món.
Entre tant, la guarde a dins de mi pacientment.

Dasein

Cuando te beso

Encuentro el límite

De mis labios.

 

Cuando te miro

Siento lo infinito

De mi ser.

 

 

La ciudad desde mi ventana

el ojo maquinal

No despierta la ciudad sino que sigue su continuo. Máquina de existencia. Existencia maquinal. A esta hora del cambio de turno y desde éste que no es el vano de una iglesia se aprecia una ciudad que se construye cada mañana.

Esta ventana me mete al edificio porque me separa de él, me une a la calle porque la luz queda retenida en su abertura. Desde ella -que no es mi ojo cuando mira- puedo trazar los recorridos de aquél humano que no conozco ni quiero, y contemplar lo antes en el espejo y pronto seré ahí abajo.

Tarde de Domingo

tardededomingpo
Me quedo tumbado, y no sé si estoy vacío o estoy lleno. Como todas las mañanas, hoy me he levantado de la cama preparado para vivir una ficción que cuando llegase la noche sería cierta. He fingido bien. En cada cruce de caminos, en cada mirada, lo he dado todo. Sí. Puedo sentirme como cuando se termina un trayecto, como después de un camino de vuelta, siento el placer de lo concluido, es una plenitud de muerte, una sensación de desahogo tan profunda que no puedo moverme.

La vida está llena de finales–piii- el pitido del microondas. Los días se moldean con abrazos y se bruñen con besos. -Cras- el accidente mortal en la carretera. Las obras se subliman con finales –siempre nos quedará parís– y yo no entiendo de finales. Aún soy joven y sólo entiendo de comienzos. Lunes con palabras de domingo. Comienzos.

Al igual que por las mañanas aún perdura la anestesia de la noche, los lunes tienen algo de esa oscura pesadez de una tarde de domingo. Escribir desentumece entonces los miembros de la nostalgia. El primer beso, aquel número de teléfono que sabías de carrerilla, la primera borrachera… ¿haces memoria? Pues los cementerios están precisamente llenos de eso: de memoria. Quién quiere lo fugaz. Lo fugaz es aburrido. Quién quiere lo eterno. Lo eterno es aterrador. Me veo, nos veo a todos indecisos entre andar y quedarse quietos. Dejemos que sonrían nuestras bocas, pero que nadie nos arrebate la profunda tristeza de la luna.

Los días están hechos de los que está hecha la luz. La luz está hecha de sombras. Dejad que termine de echar estas últimas palabras y vuelva a entrar la noche en el lugar cedido. Aún me encuentro caminando a tientas por el pasillo de una casa que no es mía. Poco dinero en el banco. Pocos recuerdos a mi espalda. Poco lleno, más bien vacío, en esta oscura y aburrida tarde de domingo.

Escrito en 2007.

El tiempo contigo

desierto

Con una caricia desdibujas el límite entre el sueño y la vigilia. Al despertar me abrazo a ti instintivamente, degustando cada centímetro del momento. Después, pasamos el día sin nada mejor que hacer que charlar y reír, recordando anécdotas graciosas de nuestra boda y nuestros viajes. De tanto hablar, nuestras bocas se sincronizan, se aproximan y terminan besándose, apasionadas pero torpes, como si hubieran olvidado que se conocen. Y por la noche, mientras nos acostamos en una duna de un lejano desierto rojo y dejamos que nos contemplen las estrellas, se hace más intensa esa emoción que siempre me deja la cadencia del tiempo contigo, esa que me mantiene suspendido desde el cielo, pero me deja tocar la tierra con la punta de los dedos.

Encinar

Hojas_de_encinar

El silencio golpea
contra los monasterios
y entre los campanarios.

Serenidad. Sereno
estoy entre las hojas
del encinar.

Desnuda. La montaña.

El árbol es esponja
que mancha al cielo.

Se escucha el mar.

 

Encuentro

brindis con cerveza

El abrazo suena a mucho tiempo. Nos sentamos a la barra repleta de gente riendo entre birras. Me hago presente en el reflejo de tus ojos. Estás barbudo y has adelgazado, pero tus brazos siguen vibrando con la misma madera dura y cálida de esa guitarra que rasgueas a menudo.

Un ser humano

unSerHumano

Tú eres un ser humano
y vales lo que vale un ser humano.
Ni un poco más, ni un poco menos,

Matar los dragones

dragones2

Entonces él se volvió y dijo: “Yo soy un ser humano corriente que tiembla en silencio y llora. ¿Cómo te atreves a pedirme que mate todos los dragones que acechan a mis hermanos?